Evaluación de todos los puntos de vista y del sesgo de confirmación: una perspectiva crítica
En la práctica clínica, he observado con frecuencia cuán fácilmente nuestras decisiones pueden verse influenciadas por lo que se conoce como sesgo de confirmación: la tendencia a interpretar y priorizar la información de una manera que respalde nuestras creencias preexistentes o nuestro enfoque terapéutico preferido. En ortodoncia, esto puede llevarnos a favorecer una técnica o sistema en particular, pasando por alto interpretaciones diagnósticas alternativas que podrían ser igualmente apropiadas o incluso más adecuadas. Esta tendencia suele ir acompañada de otros atajos cognitivos, como el anclaje a un diagnóstico inicial o la confianza excesiva en aquello que nos resulta más familiar o que hemos aprendido recientemente, en lugar de considerar lo que es más conveniente para el paciente.
En un campo tan diverso y en constante evolución como la ortodoncia, esto adquiere una relevancia especial. Hoy estamos rodeados de múltiples filosofías terapéuticas, tecnologías cada vez más sofisticadas y fuertes influencias comerciales que moldean las tendencias clínicas. Si bien esto ha ampliado indudablemente nuestras capacidades, también ha facilitado la adopción de patrones rígidos de pensamiento, donde la adhesión a un único sistema puede limitar nuestra capacidad para evaluar críticamente otras posibilidades. En mi propia experiencia, permanecer dentro de un solo marco conceptual sin cuestionarlo puede restringir no solo la planificación del tratamiento, sino también nuestra comprensión del crecimiento, la función y la biomecánica.
Cuando comencé a hablar sobre la ortodoncia bioprogresiva en congresos, cursos y entornos clínicos, encontré cierta resistencia, particularmente por parte de colegas que la asociaban con un enfoque “tradicional” o “de la vieja escuela”. Con el tiempo, comprendí que esta reacción no se debía únicamente a la técnica en sí, sino a la forma en que nosotros, como clínicos, tendemos a filtrar la información a través de nuestras preferencias ya establecidas. Paradójicamente, en una era dominada por los alineadores transparentes y los sistemas de baja fricción —centrados en gran medida en la dentición permanente—, podemos llegar a descartar inadvertidamente conceptos que ofrecen una perspectiva biológica más amplia.
Para mí, la clave no está en oponerse a la ortodoncia moderna, sino en integrarla de manera reflexiva con principios sólidamente establecidos. El trabajo de Robert M. Ricketts y las contribuciones de clínicos como Ronald Roth, Hugo Trevisi y Thomas Pitts demuestran que el conocimiento ortodóncico evoluciona mediante la adaptación más que por la sustitución. Revisitar los conceptos bioprogresivos no significa retroceder; significa comprenderlos de una manera estructurada y contemporánea, y reconocer su valor dentro del contexto tecnológico actual.
En última instancia, evitar el sesgo de confirmación requiere un esfuerzo deliberado por mantener la flexibilidad intelectual. Implica cuestionar nuestras propias suposiciones y estar dispuestos a explorar diferentes enfoques, incluso aquellos que inicialmente puedan parecer poco familiares o anticuados. Desde mi perspectiva, una práctica ortodóncica más completa surge cuando combinamos el pensamiento crítico con una actitud abierta, integrando múltiples perspectivas para responder mejor a las necesidades individuales de cada paciente.
Con la aparición de cada nuevo avance tecnológico en ortodoncia, con frecuencia parece que el conocimiento acumulado durante décadas no se integra realmente, sino que se deja de lado, como si estuviéramos intentando “reinventar la rueda”. En este proceso, conceptos valiosos y probados a lo largo del tiempo corren el riesgo de ser ignorados, a pesar de que siguen siendo relevantes para determinados pacientes. Considero injusto encasillar cada caso dentro de un protocolo predeterminado dictado principalmente por un sistema o una tecnología, cuando la variabilidad individual exige claramente un enfoque más reflexivo y adaptable.
Por esta razón, nuestras decisiones clínicas deberían estar guiadas, en la medida de lo posible, por criterios objetivos y medibles, más que por percepciones subjetivas. Incluso elementos como la belleza, a menudo considerados inherentemente subjetivos, pueden abordarse de una manera más objetiva dentro de nuestra profesión, ya que están estrechamente relacionados con proporciones, equilibrio y relaciones cuantificables.
Al mismo tiempo, y hasta que nuevas evidencias modifiquen nuestra comprensión de la biología craneofacial, nuestras decisiones respecto a la mecánica del tratamiento deberían seguir orientadas hacia aquello que sea más eficiente y biológicamente adecuado para nuestros pacientes. En definitiva, también es nuestra responsabilidad comunicar esta perspectiva con claridad, ayudando a los pacientes a ir más allá de la constante presión publicitaria que rodea a la ortodoncia moderna y garantizando que su tratamiento esté guiado por el conocimiento y no por las tendencias.
REFERENCIAS
- Petrén, S., et al. (2025). A systematic review considering the risk of bias in orthodontic RCTs over 55 years. European Journal of Orthodontics.
- Papadimitriou, A., et al. (2020). Social media and orthodontic treatment from the patient’s perspective. European Journal of Orthodontics.
- Fleming, P. S., et al. (2016). Risk of bias and magnitude of effect in orthodontic randomized controlled trials.
- Sifakakis, I., et al. (2021). Novelty bias in orthodontics: exaggerated early treatment effects.
El sesgo de confirmación en ortodoncia puede limitar el juicio clínico al reforzar preferencias terapéuticas preexistentes. En un campo caracterizado por una creciente diversidad tecnológica y filosófica, esto puede restringir la toma de decisiones objetivas. Este artículo destaca la importancia de integrar diferentes conceptos ortodóncicos, priorizando criterios medibles y basados en la evidencia por encima de interpretaciones subjetivas.




